Gabriela Izcovich parla sobre Cuando la noche comienza

Entrevista realitzada per Sonia Lagunas

Vuelves a elegir una obra de Kureishi.
Sí, es un escritor que me gusta mucho. Yo lo descubrí con Intimidad y que a partir de mi conocimiento profundicé bastante en su obra, leí todo lo que estaba a mi alcance y se dio una relación muy particular a través del e-mail. A través del e-mail le envié mi versión de su obra, posteriormente le conozco en Londres y luego él vino a Barcelona a ver la versión de Intimidad y bueno a través del e-mail continúa el vínculo y ahí fue cuando él me envía su obra: Cuando la noche comienza. Dramatúrgicamente, yo no tengo nada que ver, mi labor fue básicamente de traducción; claro que con la puesta en escena siempre haces algún tipo de adaptación.

En Cuando la noche comienza eres la protagonista y además diriges la obra junto con Alejandro Maci, ¿cómo haces para compaginar estas funciones dentro de un mismo montaje?
Bueno, y eso que aquí no hice el proceso de dramaturgia como en Intimidad. Lo cierto, es que yo esto no lo pienso; es como una cosa que se da así, de esta manera. Lo que ocurre, es me manejo de una manera bastante integradora en el teatro. En general, cuando hago un proceso creativo, me veo a veces en alguno de los personajes, la pienso también desde mi dirección y la puesta en escena y a veces en el texto veo una necesidad de elaborarlo teatralmente cuando la paso de una novela, por ejemplo.
Digamos, no hay un concepto previo sobre esto o una reflexión. Simplemente sucede así.

Necesitas vivir la obra desde todos los ángulos posibles.
Sí. De hecho, yo ahora estoy ensayando en Buenos Aires una adaptación de una novela de David Larch que se llama Terapia, que también es de un autor inglés y que yo adapté a la escena y que además la estoy dirigiendo y la voy a actuar.

Pero, si tuvieras que elegir ¿cómo te definirías: directora, actriz o dramaturga?
Me sería muy difícil, porque además, en general, estoy en los tres ámbitos puntos. Pero, puedo prescindir de la dramaturgia pero no sé si podría prescindir de dirigirlo yo y actuarlo yo. Entre actuar y dirigir, no podría elegir; sólo si sé que tengo un muy buen director detrás, elegiría entre actuar, si no tengo un buen director detrás prefiero dirigir.

Al principio de la obra son muy importantes esas pausas de Julia.
Algo muy atractivo en este espectáculo es que no sabes reconocer muy bien cuál es el vínculo entre ellos hasta que vos te das cuenta de que son padrastro e hijastra no sabes que son ellos. Puedes pensar que son ex amantes, ex pareja.
Ella entra con un estado muy particular, hace veinte años que no lo ve, viene a matarlo y además hay muchas contradicciones dentro de ella.

Pero tú que has trabajado el personaje de Julia, ¿crees que entra realmente convencida para matarlo o en realidad es una excusa para encontrarse de nuevo con él y que le dé las respuestas que busca?
Esto no lo dice nadie en el texto, pero yo que trabajo el personaje y que de alguna manera soy el alma de Julia, te diría que si ella no entra con este impulso, no entra. Ella viene a sacárselo de la cabeza, a desterrarlo. Y precisamente una de las cosas interesantes del texto, es que se manifiesta: vos podéis matar a alguien, pero el recuerdo ya está instalado.

El personaje de Pablo está interpretado por un actor bastante más joven de la edad que representa que tiene Pablo.
Me interesaba que fuera un actor joven por el tipo de energía que requiere este personaje, tan loco. Y me parecía que un buen actor joven lo iba a hacer mucho mejor que un actor viejo, por el grado de energía que se necesita para la composición de este personaje.

La escenografía es muy sencilla: una butaca, una silla y varias cajas viejas. Da una sensación muy lúgubre.
La escenografía es de Alicia Leloutre. Alejandro Maci y yo imaginando el espacio escénico, pensamos en un ring, un cuadrado con estas dos fieras luchando. También pensamos en la posibilidad del espacio cargado de cosas viejas, pero más tarde nos dimos cuenta que el texto tenía tanta densidad y en sí ya es tan cargado, que parecía que agregarle eso iba a ser demasiado. Nos pareció entonces, que lo mejor era contraponer toda esa densidad textual y de clima con una puesta en escena muy austera.

Julia entra en escena con una gafas de sol en una sala muy oscura.
Sí, pero ya está escrito en el texto.

Veo que ahora no llevas el anillo que llevaba Julia.
Forma parte del personaje de Julia. Ella ahora es una mujer rica, aunque viene del mismo nivel social que Pablo. El anillo, entonces es un símbolo de riqueza.

Los dos son personajes muy contradictorios. Como si se tratara de una relación amor-odio, surgen sentimientos muy ambiguos.
Digamos que este es un vínculo extremo, pero de alguna manera hay algo de real, en todos los vínculos se crea una relación amor-odio, aunque no olvidemos que en este caso el vínculo es extremo.
Los vínculos, en general, tienen situaciones donde el amor y el odio se tocan.

Hay otro momento que sorprende al espectador: él se tira un eructo y ella se queda igual.
Ella ya está acostumbrada a todas esas cosas.

Algo que me dejó intrigada fue la respiración de Pablo, esos pitidos al respirar, parecían realmente de un enfermo tuberculoso. ¿Eran reales o es un trabajo del actor?
Eso es un trabajo formidable que hace el actor. Es una trabajo de composición formidable. Es un actor que tiene cuarenta y siete años, es joven, y logra parecer un auténtico viejo desagradable y enfermo. De todas formas, de cerca o cuando él se quita la camisa el espectador se da cuenta de que sus músculos no son de viejo y eso es algo que a mí en el teatro me encanta, es decir, por momentos recordar al espectador que lo que está viendo es ficción.

¿Crees que Julia realmente ama a Pablo?
A mí por suerte, en mi vida me tocó tener un padre maravilloso. Pero entiendo que Julia es una mujer que perdió a su padre, necesitaba encarecidamente tener un padre. Vuelvo a repetir, que en esta relación la frontera entre el amor y el odio llega a tocarse.

¿Esta visita acaba siendo de utilidad para Julia?
Si me preguntas a mí, yo te digo que no. Intenta lastimarlo, no lo lastima del todo. Creo que es mejor poder dar el grito que no darlo, pero esto es una percepción personal mía. Pero si vos me preguntáis a mí yo pienso que este pasado a ella no se lo quita nadie, ella está enferma y no tiene cura.

A Pablo le molesta que ella acuda a un terapeuta.
Esa es una crítica de Kureishi a todo el tema del psicoanálisis, que es muy interesante.

Hay momentos en que los dos protagonistas no se escuchan: cada loco con su tema.
Eso es muy interesante, aparece en el texto, cada uno dice la suya sin atenderse. Nosotros lo que hicimos como propuesta, fue superponer los textos que hablamos a la vez. El autor lo que propone es que uno dice una cosa y otro habla de otra, nosotros lo que hacemos es decir esas frases a la vez.

Nos quedamos con la duda de que el padrastro haya tocado a Milena, la hija de Julia.
Nos quedamos sin saberlo. De todas maneras, yo quiero pensar que ella repite un esquema. A veces contra lo que uno piensa que haría, se encuentra repitiendo esquemas.

En el texto original ella pinta al padrastro sobre papel y en la obra Julia pinta sobre su padrastro.
Sí nos gustó más esta opción. Yo elijo ese color sangre para plasmar las heridas sobre el cuerpo de Pablo.

¿Qué consigue pintándolo?
Bueno, es el vehículo de ella. Ella pinta, se dedica a eso.

¿Cuando volverás a trabajar por aquí?
En octubre estaré en Madrid con la obra que hice el verano pasado en Barcelona: Itimidad.
En febrero estrenaré mi nuevo proyecto, Terapia de David Larch en Buenos Aires.

¿Te veremos en los escenarios barceloneses?
Espero que sí, ojalá pueda venir con Terapia, pero aún no lo sé.

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