Roberto Ibáñez parla sobre El túnel

Entrevista realitzada per Sonia Lagunas

El túnel es una obra que nos habla de la desesperanza, de la soledad, de los miedos... ¿Qué es para ti lo mejor del texto?
Que existe, que es parte fuerte de la realidad, de la sociedad humana contemporánea y de cada individuo que la compone y que incomoda. Y eso es precisamente lo interesante, porque el artista que no jode, molesta; porque inutiliza las posibilidades de inquietar que tiene el arte. Esta es una de las funciones más interesantes que tiene el arte.

¿Qué hay de atractivo en un texto tan pesimista?
No sé hasta qué punto es pesimista. Mira, si vamos a mirar el mundo y su marcha desde los últimos cien años. Se han cometido las barbaridades más brutales de toda la historia de la humanidad y son cada vez más graves, porque a medida que ha ido creciendo el poder destructivo y criminal del ser humano, han ido creciendo las posibilidades de resolverlo. Sin embargo, se han agravado.
Ahora hay enormes multitudes que están condenadas a morir de enfermedad y “los otros” que son cada vez menos, viven cada vez mejor. Esto es algo perverso, entonces porque ser optimista ante eso. Si todo la historia demuestra que vamos a una situación tremenda, además todo esto se hace destruyendo el planeta. El hombre es el único animal que destruye su hábitat conscientemente o no quiere verlo.
Para hallar una salida, primero es necesario ver el problema, no eludirlo y decir que todo está bien.

¿Habéis trabajado con Ernesto Sábato?
No. Yo hice la adaptación y se la acerqué para que la conociera, a ver si la compartía y autorizarme a llevarla a cabo la obra. Hemos tenido dos o tres encuentros posteriores. Empezamos a eliminar lo prescindible, porque hay cosas que no puede expresar la literatura y sí el teatro. A veces el acto o la presencia es más potente que la palabra.
Entonces hay que quitar palabras, para introducir acción. Es un trabajo de orfebrería.

¿Pero el autor está de acuerdo con esta adaptación?
Sí, absolutamente. Él vino además a ver un espectáculo. Se estrenó en el marco de un homenaje a toda la obra de Sábato. Aunque él vino al ensayo general, por si se emocionaba.

¿Cómo definirías este texto? Como una historia de amor, una historia sobra la sociedad y su individualismo.
Esta obra habla de temas universales. Por eso ha sido una novela traducida a tantos idiomas. Yo creo que habla del amor, de los vínculos. Al hablar del amor y de la relación con el otro, estás hablando del universo, si hablas con profundidad. Y una de las virtudes de la novela es que no elude lo más básico y fundamental del crimen, profundiza sobre éste a distintos niveles. Puede ser tema de estudio para sociólogos, para psicólogos.
He hecho sesiones, a veces, para sesiones de psicoanalistas que traían a sus pacientes, porque la convivencia sobre este drama pasional, este drama de incomunicación desataba en los pacientes una cantidad de conflictos y nudos de su propia existencia, llenándolos de preguntas, inquietudes y turbaciones. Se convertía esta obra, en un interesante material de trabajo posterior.

En la versión teatral que tú mismo has realizado, he podido observar una gran fidelidad al texto y una gran capacidad de síntesis. El monólogo queda resuelto en una hora escasa.
¿Fue un trabajo duro el de la adaptación del texto?

Mi criterio de selección fue teatral, no quería hacer literatura. Lo que me gustaba de esta novela es que siempre me perturbó, me resultaba apasionante. Luego apliqué mis conocimientos dramatúrgicos en cuanto a actor, en la búsqueda de teatralidad que tiene la novela. Al estar escrita en primera persona, facilitaba el monólogo. Estructuré la novela en actos. La gran dificultad la hallé en que la novela comienza diciendo el final, porque se puede perder el interés en la historia.

¿Ves a Juan Pablo Castel como un alter ego de Sábato?
No, yo no me atrevería a afimar eso. En todo veo a Castel como el alter ego de todos. Esto es lo que trato de decir cuando hablo de universalismo, que está en nosotros, que está en todos. Es la dificultad para salir de uno mismo y llegar al otro y establecer una comunicación verdadera, profunda y cierta para permitir el flujo de energía, de afectos y de miedos. El miedo es algo propio del ser humano, vivimos en la inseguridad, en la duda, en la incerteza constante. No sabemos porque estamos acá, ni sabemos exactamente quiénes somos. Vivimos amontonados y aislados, buscando desesperadamente una explicación y una conexión con el otro. Esto es lo que le pasa a los humanos y esto es lo que le pasa a Castel.

Se hace luz en toda la sala y quedas cara a cara frente al público, llegas incluso a aguantar la mirada del público. ¿Se te hace muy incómodo ese momento?
No para nada se me hace incómodo. El espectador es una referencia. Si uno tiene conciencia de que está allí, de que está hablando para completar la magia.
Se decide en ese momento el cara a cara con el público, porque Castel se va abriendo, abriendo su mundo y lo va tratando de explayar y expresar.

¿Has notado alguna diferencia entre público de distintas nacionalidades que has tenido?
Aquí he notado que el público en algunos momentos se ríe. Conversando con algunas personas, me han comentado que aquí les hace gracia la mirada que ellos tienen del argentino, de ese argentino rollero, psicoanalizado que habla, habla y habla y da vueltas sobre las cosas y eso les parece gracioso, porque se corresponde con un arquetipo que tienen construido. Y eso unido sumado a que este hombre es ridículo por momentos es lógico que provoque una cierta gracia y diversión.

Habéis llevado esta obra de gira por distintos países europeos, ¿representabais la obra en castellano?
Sí, siempre dirigida a un público hispano-parlante.
Sin embargo, la he hecho en un país como Bulgaria y no era un público hispano-parlante, en un teatro inmenso y lleno, no me lo creía.

¿Aunque no es la primera vez que visitas Barcelona, cómo ves le situación para trabajar aquí?
Aquí en Cataluña me he encontrado con muchos problemas para conseguir sala, cosa que no me ha ocurrido en otros lugares de España. Yo no tengo ninguna subvención, es el teatro al que le han dado una subvención, porque el espacio está reservado para hacer teatro en catalán, entonces el espacio se reduce muchísimo. Este es un tema que me gustaría tomar en algún momento para analizarlo. En cuanto a la apertura cultural a la acepción del inmigrante y al no espacio y desarrollo de la cultura en igualdad de condiciones. El tema de la lengua es conversable, porque la lengua puede convertirse en una valla para la cultura. Es un tema delicado, tal vez, la discriminación debiera pasar por la calidad, por el interés de la gente y que no sea un filtro la lengua, porque entonces se puede achicar mucho la cosa. Es extraño que esto ocurra en Cataluña, que ha padecido esta presión para ejercerla al revés, hablo por boca de ganso, porque no conozco en profundidad el tema, simplemente porque veo la dificultad para existir y trabajar como artista, como actor y dramaturgo. A mí ya me dijeron que no me iban a dar una subvención, porque mi espectáculo no es en catalán.

Escenográficamente, decidís recrear el taller del pintor. ¿Por qué elegís este espacio: si es un asesino y no lo oculta, lo más probable no es que estuviera en un sanatorio mental o una cárcel, en lugar de estar tan tranquilo en su taller?
Bueno, esta es una adaptación de la que fue la escenografía original.
Teníamos una reja, de esas que se usan para la construcción. Que daba la sensación de construcción y destrucción. El ámbito tenía una cierta ambigüedad formal, irregular. Tenía elementos como una camilla, que parecía una cama, pero se reconocía como camilla de hospital o sanatorio. La idea era ser todo al mismo tiempo y no ser nada.
Pero por una cuestión práctica, la escenografía quedó incompleta. No la puedo trasportar con facilidad. Es cierto, quizás el espacio escénico ahora resulta incoherente.







Roberto

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