La crisis del Lliure tras la muerte de Josep Montanyès, la renuncia de Lluís Pasqual y el nombramiento en febrero de Àlex Rigola como director fueron de las noticias que más papel generaron durante el primer trimestre del año . Rigola puede presumir ahora de un 75 por ciento de ocupación y del triunfo nacional e internacional de Juli Cèsar, del éxito de su segundo Mamet, Glengarry Glenrose, que deberá corroborar con el estreno, en coproducción nada menos que con el Festival de Salzburgo de Santa Joana dels Escorxadors, de Brecht. El año ha sido bueno, para el teatro público, a excepción del teatro municipal, el Mercat de les Flors, al que el nuevo director, Andreu Morte, cambió el rumbo no se sabe hacia dónde y que para postre cerró en agosto por reformas hasta mayo. A lo dicho del Teatre Lliure hay que sumar los éxitos –en el Teatre Nacional de Catalunya– de Sergi Belbel con Primera plana; del mismo Belbel en el Lliure con L’habitació del nen, de Josep Maria Benet i Jornet; de Carles Santos en el TNC con el incomparable El compositor, la cantant, el cuiner i la pecadora, o de Jordi Galceran con El mètode Grönholm.

Más éxitos en el Romea, el teatro privado con programación de teatro público que dirige Calixto Bieito. Más allá de su Hamlet y del éxito parisino (foto en portada de “Le Monde”) de La ópera de cuatro cuartos de Brecht, Mestres antics de Bernhard y Celobert de David Hare se erigieron en espectáculos insólitamente populares.

Los grandes teatros privados de la ciudad, el Barcelona Teatre Musical, Victòria, Tívoli y Novedades, han capeado la falta de producciones catalanas para sus escenarios con resultados artísticos más bien magros: el Art de Ricardo Darín y compañía y el París 1940 de Josep Maria Flotats.

Preocupa muy mucho lo que piensa el Tripartito sobre el papel de las salas alternativas en la futura geografía teatral. Y preocupa porque en sus pequeños escenarios se produjeron joyas como Traició, de Pinter, dirigido por Xavier Albertí (sala Muntaner), o el Tríptico catalanoargentino de Josep Pere Peyró en la sala Beckett, donde el ahora codirector del Centre Dramàtic del Vallès, Oriol Broggi, presentó el magnífico Refugi.

Artenbrut, con la codirección de Josep Costa y Josep Pla, ha ofrecido interesantes espectáculos como Follies o Flor de otoño que sigue brotando en invierno, también dirigida por Costa. El Espai Escènic Joan Brossa tiene ya carta de calidad. Diría que a menudo de exquisitez. Dónde, si no, se podría ver ese Fabricant de monstres. El Versus hiló muy fino con Jugant a Rodgers, Portes Paradís y Migracion.es. En el 2003 mejoró algo la presencia de teatro internacional (Nekrosius, Peter Brook, Thomas Ostermeier…), los actores firmaron el primer convenio y Temporada Alta se perfiló aún más como el festival de otoño de Catalunya.

bANNER amic ficcions 2020