Una empresa de control de ruido y vibraciones contratada por el Teatro Nacional de Catalunya (TNC) ha detectado que en la sala principal del teatro el nivel de ruido de fondo o contaminación acústica supera en 6 ó 7 decibelios el valor óptimo.

Ese nivel excesivo de ruido figura en un informe obtenido a partir de las mediciones realizadas en tres puntos distintos de la Sala Gran del TNC y sus causas se diagnosticarán en julio, según ha dicho hoy en rueda de prensa el consejero delegado del teatro, Joan Francesc Marco.

Los niveles de ruido de fondo detectados en las mediciones, que se efectuaron los pasados días 8 y 9 de febrero, se sitúan en torno a los 36-37 decibelios, mientras que el nivel recomendado en la sala sin actividad está entre los 28 y 30 decibelios.

El estudio se ha llevado a cabo tras las quejas por “deficiencias acústicas” presentadas por los espectadores desde la inauguración del teatro el 11 de septiembre de 1997.

Otro de los parámetros medidos por los expertos en 139 puntos de la sala asimétrica del teatro es el tiempo de reverberación del sonido, que se halla entre los 1,1 y los 1,3 segundos con la sala llena, “que se ajusta al nivel óptimo requerido”, según Marco. El tiempo de reverberación óptimo de la Sala Gran ocupada viene marcado por el uso de la sala y es de 1,6-1,7 segundos en el caso de la música; 1,1-1,2 en el de la palabra y 1,3 -1,4 en el de la ópera.

Los expertos han concluido también que la claridad y el balance del sonido “no son los adecuados”, ya que en lugar de rebotar en los espectadores, el sonido se proyecta hacia el techo porque las paredes son completamente lisas. Por ello, además del “ruido de fondo excesivo en el escenario” se ha detectado una “falta de reflexiones dirigidas al patio de butacas”.

La reverberación y nivel de ruido juntos son los dos parámetros que conforman la calidad acústica de una sala. Para solucionar estas anomalías, el TNC ha anunciado que a partir de julio, al terminar la temporada teatral, se iniciará la instalación de unos paneles reflectores que funcionarán en septiembre, a principios de la próxima temporada.

La instalación de los reflectores costará 60.100 euros, gasto que ya se ha incorporado al apartado de inversiones del TNC del año 2005 y que supone el 13,35% del total del presupuesto destinado a inversiones del año 2005.

En cuanto a la contaminación acústica se ha fijado también el mes de julio para hacer un diagnóstico de las causas que la producen, que pueden ser el ruido que se genera en el interior del propio teatro por los ventiladores, proyectores móviles u otros aparatos electrónicos. El director artístico del teatro, Doménec Reixach, ha explicado que en todas las salas grandes hay “problemas acústicos en algún punto”, problemas que también tienen el Liceu, el Romea o el Grec.

Como ejemplo de que los materiales que se usan en las escenografías pueden interferir en la voz ha explicado que en uno de los últimos espectáculos que ha acogido el teatro, El alcalde de Zalamea, había un caucho que absorbía el sonido. El estudio de asesoramiento acústico lo ha encargado el TNC a la empresa García BBM Acústica, la más importante de España y ha costado 6.000 euros.

Esa empresa ha realizado unos 2.000 proyectos, entre ellos los del Teatro de la Abadía y el Auditorio Nacional de Madrid, el Teatro de la Maestranza de Sevilla. El TNC es obra del arquitecto Ricardo Bofill y cuando se levantó contó con el asesoramiento técnico en acústica de Albert Yaying Xu y su empresa especializada, fundada en 1987 y con sede en París, de nombre XU Acoustics.

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