El histórico edificio del teatro Bolshói de Moscú cerró ayer sus puertas para efectuar una reconstrucción que, según las previsiones, debe durar hasta 2008 y costará la cifra récord de 700 millones de dólares (más de 580 millones de pesetas). Mientras tanto, los espectáculos del teatro, aunque menos frecuentes que en la actualidad, seguirán representándose en el edificio vecino, inaugurado en 2002 y conocido como el “escenario nuevo”.

En vísperas de su reconstrucción, el Bolshói ha realizado un ajuste laboral, que ha reducido la plantilla en 300 personas, según su director general, Anatoli Iksánov. El recorte afecta a una cuarta parte de los 200 artistas del ballet. El importe de la obra de puesta al día es tal que resultaría más barato construir el teatro enteramente de nuevo, según afirmaba ayer Izvestia. Este diario comparaba los costes de la reconstrucción del Bolshói con los de otros teatros importantes del mundo, como el Teatro Marinski de San Petersburgo, el Covent Garden de Londres (360 millones de dólares ambos), el Teatro Real de Madrid (140 millones de dólares), La Scala (72 millones de dólares). Como telón de fondo del cierre del teatro, el mundo cultural ruso contempla estos días una enconada polémica entre el ministro de Cultura, Alexandr Sokolov, y su antecesor en el cargo, Mijáil Shvidkov, que hoy dirige la agencia federal de cultura y cinematografía y es responsable del Bolshói. Sokolóv afirma que la institución dirigida por Shvidkov está totalmente corrompida y Shvidkov ha amenazado con llevar al ministro a los tribunales.

El primer teatro de ópera y ballet de Rusia comenzó su actividad en el siglo XVIII como local privado del príncipe Petr Urúsov. En 1825, el arquitecto Osip Bové edificó un local que fue destruido por un incendio en 1853. La acústica del teatro, tras su reconstrucción, pasó a ser considerada como una de las mejores del mundo.

La reconstrucción no cambiará apenas el aspecto exterior del edificio, aunque el pórtico de Bové tendrá que ser trasladado a otro lugar. El local ganará espacio subterráneo y cambiará el emplazamiento de la zona de guardarropas y cafetería. El foso de la orquesta será más grande y se construirán ascensores. Algunos temen que la aparición de nuevos elementos, como una escalera mecánica, puedan dañar la acústica del local.

La 229ª temporada artística, que se inaugurará en otoño, será sobre todo itinerante, ya que la compañía pasará mucho más tiempo que de costumbre en el extranjero. Mientras esté en Moscú, actuará en el “nuevo escenario” y en otros locales.

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