La brisa empujaba mar adentro un perfume esperanzador y dulce, un viento de buenos augurios que acabaría por convertirse en un vendaval de éxito. Un auténtico huracán que ha inflado las velas del barco de Mar i Cel y le ha puesto a surcar, otra vez, los siete mares.

Dieciséis años después de su estreno y coincidiendo con el 30 aniversario de la compañía que lo llevó a escena, el emblemático montaje de Dagoll Dagom -sin duda, el musical más relevante de toda la historia del teatro catalán- ha emprendido una nueva travesía que ya está resultando tanto o más exitosa que la primera.

De entrada, su regreso a la cartelera, en el escenario del Teatre Nacional de Catalunya, puede considerarse un verdadero acontecimiento.Una semana antes de la fecha prevista -el pasado 21 de octubre- ya se habían vendido un 97% de las localidades disponibles, un total de 62.561 butacas correspondientes a 73 funciones, que se extenderán hasta el próximo 2 de enero.

Posteriormente, y a partir del día 18 de ese mismo mes, Mar i Cel recalará en el Teatre Victòria, cuyas taquillas tampoco dejan de expedir localidades para esta gran cita teatral del año: a la fecha ya se llevan vendidas un 76% de las entradas.

Esta imparable demanda ha motivado que los responsables del espectáculo se planteen, casi con toda seguridad, prolongar las funciones, que inicialmente debían finalizar el 10 de abril, hasta el mes de junio.

Las claves de este renovado éxito tienen mucho que ver, sin duda, con el imperecedero recuerdo dejado por la obra en su primer desembarco escénico, en 1988, cuando fue vista por cerca de medio millón de espectadores a lo largo de más de 500 representaciones, lo que significó un especial momento de triunfo para el teatro catalán.

Desde entonces, Dagoll Dagom había recibido reiteradas peticiones por parte del público -tanto de aquellos espectadores nostálgicos que en su día disfrutaron de la obra como de los que no tuvieron la ocasión de verla y sólo la conocían por referencias- para reponer este gran clásico de Angel Guimerà, cuya acción se sitúa en el siglo XVI en medio del Mediterráneo, a bordo de un velero pirata que viaja rumbo a Alger.

Precisamente, esta singular ambientación escénica constituye otra de las grandes cartas de triunfo del montaje, presidido por el espectacular velero que en su día diseñaran Isidre Prunés y Montse Amenís. Ahora, tres lustros después, la compañía ha vuelto a recuperar el recordado navío que durante todo este tiempo había permanecido anclado y a buen recaudo en el Museu Marítim de Barcelona.

La tripulación de la embarcación, sin embargo, ya no es la misma de entonces. El grueso de los actores ha cambiado, empezando por la protagonista, ya que ahora, en lugar de Angels Gonyalons en el papel de Blanca, está Elena Gadel, una mediática voz surgida de la cantera de Operación Triunfo.

A su lado se encuentra uno de los escasísimo nombres -tres, para ser exactos- que se conservan del montaje original, el actor Carlos Gramaje, que regresa en el personaje del corsario moro Saïd, enamorado de su joven prisionera cristiana.

Y es que esta romántica e imposible historia, adaptada para la escena por Xavier Bru de Sala y musicada por Albert Guinovart, no sólo no ha perdido un ápice de su vigencia, sino que, de hecho, ha cobrado incisiva actualidad en una sociedad en la que el (des)encuentro cultural se ha convertido en una circunstancia cotidiana. De allí que el mensaje de tolerancia que transmite el argumento tenga ahora más importancia que nunca.

«Mar i Cel es el drama de dos personajes que quieren vivir su amor en un contexto hostil. De hecho, el trágico amor de Saïd y Blanca es el reflejo de un conflicto colectivo: el enfrentamiento entre el mundo cristiano y el islámico, que a lo largo de los siglos ha ido sembrando la historia de cadáveres y en nuestros días, no parece que la situación esté en vías de mejorar», señalaba, en la presentación del espectáculo, Joan Lluís Bozzo, director del montaje.

Con pocas variantes escénicas -«modificarlo suponía alejarlo de lo que fue y de lo que se ha convertido con el tiempo», dicen sus responsables-, el nuevo Mar i Cel se ha beneficiado también de la experiencia acumulada en estos años por su creador musical, el compositor y pianista Albert Guinovart, que ha querido enriquecer la partitura con renovados y más brillantes arreglos.

«No he tocado ninguna de las ideas principales; las melodías están todas, así como las escenas musicales», explica el compositor.Los cambios introducidos por Guinovart, por tanto, tienen más bien relación con la necesaria revisión vocal de algunos personajes, fruto del nuevo reparto, pero sobre todo, con la vestimenta orquestal.

«Aunque cuento con el mismo número de músicos, catorce, que en la versión original, he cambiado la formación y he hecho una nueva orquestación, ya que considero que la experiencia que he adquirido a lo largo de todos estos años puede contribuir a mejorar el conjunto», afirma Guinovart, que precisamente tuvo en Mar i Cel su primera experiencia profesional.

Tras su paso por los escenarios barceloneses, Dagoll Dagom contempla la posibilidad de llevar el espectáculo de gira por todo el país en versión castellana, aunque aún no hay fechas previstas.

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