Sin duda, el calificativo preferido por el reparto de la ópera de Strauss, «La mujer sin sombra», que estrena pasado mañana el Teatro Real, es el de «complicado». Esta tesis de dificultad la avalan su director musical, Pinchas Steinberg, y su realizador, Isao Takashima. «Afrontar una partitura de esta índole es monumental. Sin dudarlo, afirmo que es la más complicada que escribió Richard Strauss. No es tanto problema de la estructura, sino de cómo interpretarlo y presentarlo. Con “La mujer sin sombra” Strauss se acerca a Wagner. El intérprete va contando cosas, pero es que a la vez, la orquesta aporta una parte fundamental a la historia. Tengo la inmensa suerte de contar con unos cantantes que conocen maravillosamente bien esta obra. Tanto, que hasta aportan ideas de cómo llevarlo a la escena. Y el trabajo de la orquesta del Teatro Real ha sido de dedicación absoluta. Estoy muy satisfecho con los músicos que he encontrado aquí», afirmaba el director de orquesta.

Kabuki. A su lado se encuentra Takashima, el encargado de aderezar esta fábula atemporal con elementos del teatro kabuki: «Es una ópera monstruosa en cuanto a realización de escena. Hemos hecho una fusión de la escenografía contemporánea con el teatro japonés, y hemos aplicado el significado por sílabas del kabuki. “Ka” se refiere al canto; “Bu”, al baile; y “Ki» al drama. Creo que esta obra de Strauss reúne estos tres elementos. El reparto aparecerá ataviado con quimonos, pero no de estilo tradicional. Es bastante complicado de explicar, tienen que verlo». Las reminiscencias japonesas se mezclan, a su vez, con influencias moriscas de «Las mil y una noches» y con personajes fantásticos del mundo de las hadas: «Es, ante todo, una representación muy visual, bellísima», comentaba emocionada Luana de Vol durante la presentación a la Prensa, que interpreta un personaje femenino muy amargo y que termina convirtiéndose en todo lo contrario. Julia Juon es la nodriza, una especie de ente que odia profundamente a los humanos, y Robert Dean Smith, el emperador. Para no acobardar al público con tanta «complicación», Steinberg templa los ánimos: «El reto para todos es acudir sin prejuicios al teatro. Porque esta obra es de tal belleza que te golpea el estómago».

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