A Emma Suárez la cogemos con el horario cambiado: trabaja de noche (hasta las siete de la mañana) y duerme de día. Todo por el teatro, que da muy mala vida pero muchas más satisfacciones. Sin embargo, debutar hoy con la Proserpina de Robert Wilson en el Teatro Romano de Mérida, no es un trabajo más: «Es un reto, el súmmum del desafío», comenta a ABC. Emma vive cada una de sus interpretaciones con «la ilusión de la primera vez», pero, en este caso, con el agravante de que se trata de un «inédito poema visual, algo totalmente novedoso, original, diferente…». «Robert Wilson es un pintor que crea un cuadro introduciendo sus elementos de composición: actores, música, luces y sonido. Rompe todos los esquemas, incluso los míos, desconcertando. No tiene nada que ver con lo que he hecho hasta ahora», asegura, ya metida en el alma y las emociones de su Perséfone, diosa de la fertilidad y reina de los muertos.

La actriz madrileña quiere que su papel «proyecte sensaciones, que rompa y que cree contrastes». «Los actores estamos acostumbrados a que nos den pautas, pero este trabajo es mucho más libre: se trata de que tú busques, que entiendas el tipo de montaje en el que estás metido y a partir de ahí te muevas libremente. Eso es fascinante», añade.

No obstante, lo que más le emociona es trabajar en el Teatro Romano de Mérida: «Ha sido definitivo, quizá lo que más me atraía de esta historia. Este lugar está lleno de magia: es la piedra, la noche, el sonido… Resulta increíble la energía que se transmite». Con tanta adrenalina estética que desprende en esta «aventura» no sabe dónde va a encontrar nuevos retos que alcancen estas cotas de emoción. Y es que se encuentra inmersa en cuerpo y alma en la escena y, sin renunciar al celuloide, confiesa que «últimamente lo que me ofrecen en teatro me parece más fascinante de lo que me llega del cine». Por ahora, la lucha queda en tablas.