Magüi Mira

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    Le he comentado a Francesc que durante la obra no me acabé de imaginar a Marian en un juicio.
    Bergman ese es un mundo en el que no entra, no penetra. Lo que sí que habla es de los problemas que a ella le crea el tener que ser una profesional maravillosa. Pero si tú vieras a la María Fernanda Rudi en su casa luego, seguramente, no te la imaginarías en el Congreso porque la gente, en su casa, pues está como está Marian. Mmm… follan, discuten, ríen. El mundo laboral es uno y el mundo íntimo es otro completamente distinto.

    Pero el carácter de Marian parece muy débil.
    Lo mismo te digo. Ella va cambiando de carácter porque en las últimas escenas a mí sí que me parece que puedes ver ahí a una profesional absolutamente decidida y con genio y figura. Hay gente que, delante de sus maridos, que eso es de lo que habla Bergman, ella mmm… Yo pienso que las mujeres, tú no porque eres otra generación, pero las dos mías que van por delante y las dos que van por detrás, en el momento que salimos con el cordón umbilical puesto, ya tenemos una presión por el hecho de ser mujeres. Esa presión ya te condiciona mucho, sobre todo a tener una actitud de ciudadana B delante del hombre que es ciudadano A. Los empresarios ahora lo han dicho: si las mujeres quieren tener un bebé son ellas las que tienen que pagar el dinero. Como dice Bergman cuando Juan dice “Las feministas son patéticas”, y ella le dice “Ahora sólo estamos empezando. Espera y verás”. Es verdad. Aunque el término feminista no se pueda acuñar porque es muy confuso, lo que nos queda a la mujer para conseguir una igualdad de respeto y de derechos y de responsabilidades es un camino todavía que espero que vosotras, las jóvenes, sigáis ahí en la brecha. Te lo digo por mí misma y por muchas profesionales que conozco. Por mí misma en otra época de mi vida que, cuando estás en casa, de alguna manera sigues estando debajo de tu marido. Y luego, cuando tienes un cargo profesional, ahí tienes tú una seguridad y un estatus que no tienes en tu casa, porque en tu casa estás debajo de tu marido, que eso es un poco como vemos a Marian. Tú nunca la ves en su casa en un estado de conversación tranquila porque lo que te va presentando Bergman siempre son momentos de conflicto de ella. Y en esos momentos de conflicto, al contrario, es una mujer muy perdida. Pero yo creo que sí ves ahí debajo una mujer con una inteligencia, aunque al principio está muy perdida, medio boba, pero la inteligencia le va saliendo y al final sus respuestas siempre son más inteligentes que él. Por eso le acaba pegando, porque no puede con ella.

    En ese momento te quedas en la butaca hecho polvo. Te das cuenta de que, realmente, la violencia está muy cerca.
    Muy cerca, muy cerca. Por eso pasa lo que pasa, ¿no?, porque la tenemos todos muy cerca y normalmente se entra al mundo violento cuando se pierde la razón. Cuando se acaba el mundo, cuando se acaba la lógica de la razón empieza la lógica de la pasión. Y la lógica de la pasión puede ser sexo, puede ser violencia, puede ser lo que sea cuando no hay argumentos.

    ¿La directora te dejó espacio para que tú crearas el personaje o, como ya lo había interpretado, te pautó mucho?
    Es que, fíjate, hay hueco para las dos cosas. O sea, los movimientos están absolutamente coreografiados, están muy medidos, muy marcados, porque ella hace lo que hizo con Bergman. En ese sentido es una apuesta por un teatro muy puro, muy salvaje, muy sin artificio. Fíjate que no hay música, no hay… ¡nada! No hay nada que distraiga de las emociones de los actores y la palabra. La parte intelectual está muy marcada, también. La emocional, no. Quiero decirte, que esto es muy complicado, eee… mmmff… En la vida todo va unido porque tú no puedes disociar el cerebro del corazón y del cuerpo. Porque, en la vida, es como la escritura automática, las cosas suceden automáticamente. Pero normalmente tú, cuando tienes una idea y la entiendes y la defiendes, intelectualmente o ideológicamente, eso siempre tiene debajo una emoción. Eso, en teatro, tienes que elegirlo. El mundo técnico del actor es complicadísimo, porque hay cosas que a veces sabe el actor pero no sabe el personaje. Entonces, el actor las sabe para podérselas dar al personaje pero no las controla, las tiene subconscientemente. Rita Russek nunca me ha presionado para saber con qué emoción mi Marian vive eso. Las emociones las he puesto yo porque, ten en cuenta que el entendimiento del porqué haces las cosas tiene una medida pero luego, Bergman es sueco, ella es alemana y yo soy latina. Ahí ella nos ha dejado que cada uno reaccionemos con la emoción que realmente, de una manera orgánica, te produce eso, ahí me ha dejado toda la libertad del mundo.

    ¿La obra recurre a muchos tópicos dentro del mundo de la pareja?
    Bueno, a mí no me parecen tópicos porque, ¿qué es un tópico? Esto no es un tópico porque, estadísticamente, en estos momentos está pasando cada vez más. O sea, cada vez hay más maridos que pegan a sus mujeres. Eso ni es tópico ni feminista, eso es una realidad que sucede. Entonces, para mí, un tópico es cuando abstraes una realidad y la desconectas de esa realidad y la repites. Eso es un tópico para mí. Cuando es una realidad que sucede eso no es un tópico. Entonces, me parece que decir que eso es un tópico es una manera de defenderse, de no querer ver esa realidad. Hace 40 años los matrimonios duraban porque los hombres se encoñaban de quien querían, tenían sus amantes, sus putas y no pasaba nada con la mujer, porque la mujer estaba absolutamente indefensa, porque no tenía trabajo por lo tanto no tenía ninguna economía por lo tanto no tenía ninguna independencia Se lo tragaba todo con patatas y seguía allí, lavándole los calzoncillos y criándole los niños. Y ellos tenían el sexo que les salía de la polla… empezando por los reyes, ¡que esa es otra! Y te puedo poner así de ejemplos. Pero ya no nos lo tragamos todo como antes. Tenemos la obligación de mantener una dignidad en estos momentos, cosa que hace 50 años no existía. Entonces eso no es un tópico, es que han cambiao las costumbres y ahora ¿qué ocurre? Que las mujeres, en cuanto públicamente te ponen los cuernos, ¡no hay marcha atrás! No puedes hacer otra cosa mas que poner las maletas fuera.

    Porque, ¿tú crees que se puede tener una persona para toda la vida?
    Nooo en absoluto. En absoluto. Eso es otro tema, eso es otro discurso. Yo no creo que se tenga que tener una persona para toda la vida. ¡En absoluto! O sea, yo creo que esto es un peaje que estamos pagando mujeres de unas determinadas generaciones que quizá las vuestras no lo váis a pagar, porque ya sois independientes económicamente. Por eso es tan importante que la mujer trabaje, para que no tenga que estar con la zapatilla del hombre encima. Para mí el matrimonio, como para Bergman, no existe. Matrimonio es un acuerdo y cualquier acuerdo vale. Puede ser económico, puede ser social, puede ser por los hijos. ¡Eso me da igual! Es una sociedad limitada o anónima, lo que importa es la pareja, que es a lo que va Bergman.

    Pero cuando tú te planteas estar con una persona te lo imaginas a largo plazo, con la intención y la esperanza de que aquello va a durar. No para cuatro días…
    Ya, pero tú establecerás unas reglas de juego… Yo creo en la pareja, por supuesto. Yo soy una mujer de pareja, creo en la pareja y una pareja es un proyecto de futuro. Y cuando se acaba es un dolor inmenso y un frustre tremendo, porque en ese proyecto futuro tú implicas muchas cosas. Una cosa no quita la otra, pero tú sí que tienes que tener tu independencia, que sólo te la da la economía, para en un momento determinao no tener que seguir con esa pareja si tu respeto a ti misma, que es lo que cuenta, te lo permite o no te lo permite. Porque, en el fondo, es a lo que va Bergman, ellos dos se vuelven a encontrar cuando son capaces de respetarse a sí mismos.

    De hecho, ella acaba triunfando, ¿no?
    No conocemos la nueva pareja de él