El tenor español José Carreras convenció a la elite política china en el Concierto de Año Nuevo al interpretar una canción tradicional en mandarín en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín, sede del Legislativo y el Ejecutivo.

Carreras escogió para el solemne concierto, que desde hace ocho años aspira a que la elite china disfrute de una tradición ajena al país, piezas folclóricas de intensidad operística (dos en dialecto napolitano), del gusto de un público que asocia ópera occidental con glamour y aplaude si los tenores gritan apasionados.

Su repertorio, interpretado por la Orquesta Sinfónica de Pekín bajo la batuta del director catalán David Giménez, estuvo compuesto por “L’ultima canzone” (Francesco Paolo Tosti), “Passione” (Nicola Valente) y “Torna a Surriento” (Ernesto de Curtis).

El cenit del tenor catalán, muy querido en China por apoyar la candidatura de Pekín para los Juegos Olímpicos 2008, llegó cuando cantó en mandarín “En un lugar lejano” (“Zai Na Yao Yuan de Di Fang”), una canción lírica tradicional de marcado carácter nacionalista.

La pieza se hizo popular en las provincias de Qinghai y Gansu (oeste) procedente de Kazajistán y la región autónoma de Xinjiang, donde se conocía como “Frente de lirio”, tras ser adaptada por el compositor Wang Luobin en 1939.

El público, que llenó la grada, se irguió en sus asientos atento a la pronunciación, y aplaudió tras cada verso con un “bu cuo”, “nada mal”, habitual cuando un extranjero intenta hablar chino.

No es la primera vez. Antes de su primera actuación en China, el 13 de octubre de 1998, que calificó como “la realización de un largo sueño”, grabó en Londres una canción en mandarín. “No sé chino, pero no importa, me impresionó el romanticismo y la sensibilidad de la citada melodía”, subrayó entonces Carreras.

El intérprete es, junto con Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, uno de los tenores más famosos del mundo, no sólo por sus excepcionales cualidades, sino también por la voluntad de “Los Tres Tenores” de difundir la clásica entre un público no versado.

El nacionalismo chino nunca olvidará la actuación del trío en la Ciudad Prohibida, el 23 de junio de 2001, para promover la candidatura olímpica de Pekín, primera actuación celebrada en el recinto imperial, el mayor del mundo, ante 30.000 entregados espectadores, y segunda de Carreras en China.

El tenor catalán cuenta en su haber con una discografía de 150 interpretaciones y más de 50 óperas completas, además de galardones como un Emmy de la Academia de EEUU y un Príncipe de Asturias.

Por su parte, el maestro Giménez goza de una estelar trayectoria internacional desde sus inicios en el Conservatorio de Música de Barcelona y Viena y en la Royal Academy of Music.

En su tercera actuación en el país asiático, Carreras compartió anoche programa con la soprano ucraniana Victoria Loukianetz, la china Ma Mei (con la que ya actuó en el Concierto de 2001) y el tenor chino Dai Yuqiang.

El convencional programa de Año Nuevo incluía piezas de Shostakovich, Verdi, Borodin, Puccini, Sarasate, Ravel, Kreisler, Strauss y el inevitable “Brindis” de “La Traviata” (Verdi), en el que intervinieron los cuatro cantantes.

El director alemán Justus Frantz y el chino Tan Lihua se ocuparon de dirigir la orquesta y coros, con solos del violinista siberiano Vadim Repim y del pianista chino Yin Chengzong, residente en Nueva York, después de que una docena de obreros introdujeran a peso el piano, sin afinar, en el escenario a costa de parte del decorado.

Aparte del repertorio occidental, se oyeron piezas clásicas chinas, como “Río Amarillo”, con un solo de Yin, y una “revolucionaria” ópera de Pekín, “La canción de la ciruela” interpretada por Yu Kuizhi y Li Shengsu, destinadas a contentar al patriótico público.

La ópera occidental en China tiene una corta y curiosa tradición, como demostró la actuación del joven tenor Dai, también ingeniero, que interpretó “Soy como un copo de nieve del cielo” (de Xu Peidong), que sería lo análogo a una pieza de Opera de Pekín cantada en italiano.

Los espectadores del Gran Palacio, situado en la plaza de Tiananmen, hablaron por sus móviles durante el concierto e incluso durmieron y cantaron (excepto durante la aparición de Carreras), como es habitual en China, donde la Revolución Cultural (1966-76) acabó con cualquier respeto por las artes.