Vinieron para tres meses y se han quedado tres años. Más de mil funciones en toda España y uno de los éxitos más sonados de la cartelera barcelonesa. Los Modernos, Pedro Paiva y Alejandro Orlando, estrenan mañana en el Guasch Teatre su último espectáculo, Un antes y un después. Ellos son los mismos de Breve desconcierto breve, estrenado casi clandestinamente en Teatreneu, pero con nuevos textos y más compromiso. Los personajes son los mismos, el vestuario cambia un poco porque ya hace mucho calor y ellos siguen hablando a su manera como una partitura a dos voces. Dos instrumentos para reflexiones como La era del poscristianismo, aquella, o sea, ésta, en la que los jóvenes no saben quién era Poncio Pilatos y en la que los lugares comunes de la moral conservadora están en entredicho. Suceden cosas y las cosas cambian. Y lo constatan a ritmo de salmodia. Un antes y un después es un espectáculo nuevo pero heredero de los anteriores en la medida en que este dúo argentino-uruguayo se lo cocina siempre todo y mano a mano. En sus espectáculos tan importante como lo que cuentan es el cómo lo cuentan, y en este nuevo envite anuncian que se marcan dos raps, un tango, una cumbia y hasta un baile flamenco. Casi como un musical, pero sin orquesta porque ellos ponen la música y la letra.

Otra de las historias que nos cuentan es La fuga,inspirada por el francés Raymond Queneau y sus variaciones en Ejercicios de estilo. Pedro Paiva, el escribano del dúo, toma prestado el aire literario del autor para reinventar esas variaciones que son propias. Como lo es el único, breve aún, cuento de carácter erótico. O casi. De otro tiempo, de Safo y de Lesbos.

Los anteriores espectáculos eran más lúdicos porque había mucho juego de palabras y los temas quedaban en un segundo plano. Yo pienso que Un antes y un después es algo más comprometido y que dice las cosas de manera divertida pero muy clara, señala Paiva.

En su estancia en Barcelona (siempre de gira, porque nosotros vinimos para volver) Los Modernos han visitado varios escenarios de la ciudad, pero ésta es su despedida definitiva (al menos por un largo tiempo), ya que uno de los teatros más famosos de Buenos Aires (en calle Esmeralda con calle Corrientes), el Maipo, los ha contratado por tres años.

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