El sector editorial catalán vivió ayer un episodio de concentración sin precedentes con la entrada de Planeta y Enciclopèdia Catalana en el accionariado del Grup 62. Ambas entidades tomarán un 30% del capital de 62, quedando otro 30% en manos de La Caixa (que hasta ahora poseía el 88,9%) y el 10% restante repartido entre pequeños accionistas. De este modo, bajo el paraguas del Grup 62 se reunirán ahora los sellos en catalán de esta casa – Edicions 62, Empúries, Selecta…- con los de Planeta – Columna, Destino en catalán, etcétera- y los de Enciclopèdia Catalana – Proa, Pòrtic…-. La suma de todos ellos podría representar cerca de un 80% de la oferta en catalán en librerías. Fuera de este inmenso conglomerado quedan ya tan sólo unas pocas editoriales independientes barcelonesas – Quaderns Crema, La Campana…-, las integradas en otros holdings – La Magrana, en RBA, grupo que durante meses rivalizó con Planeta para hacerse con Edicions 62- y las radicadas fuera de Barcelona – Pagès, Angle, Eumo…-.

El acuerdo, firmado ayer en Barcelona por representantes de La Caixa, Planeta y Enciclopèdia Catalana, fue hecho público por la entidad de ahorro. El monto de la operación no fue desvelado (la facturación de 62 en el 2005 fue de 47 millones de euros). Tras la decisiva rúbrica de ayer, el acuerdo se instrumentará jurídica y económicamente durante los próximos meses, en un proceso que se espera culminar en el último trimestre del año en curso, y del que sin duda se derivarán, como suele ocurrir en estos episodios de concentración, cambios en el organigrama y la plantilla.

El titular de la nota divulgada ayer por La Caixa indicaba que “Grup 62 potencia la edición en catalán, al dar entrada en su capital a los grupos Planeta y Enciclopèdia Catalana”. Por su parte, fuentes próximas a 62 insisten en presentar la operación “más como una fusión que como una compra”; de hecho, 62 seguirá en sus locales y operando con su distribuidora Enlace, que podría ocuparse también de distribuir los libros en catalán de Planeta y Enciclopèdia. Pero otras fuentes del sector valoran la operación en distintos términos. Para estas últimas, el complejo acuerdo alcanzado por las tres partes, tras largas discusiones sobre el precio de la operación y el modo en que se pagaba, podría interpretarse como muy favorable a los intereses de Planeta. Y ello porque la editorial madre de los Lara da un significativo paso en su proceso de expansión (ya jalonado en el pasado con las compras de Seix, Destino, Crítica, Paidós…), satisface a La Caixa (que deseaba desprenderse de 62) y estrecha los vínculos con Enciclopèdia (firma de inmaculado expediente catalanista, que fue invitada a entrar en la operación después de que Lara se ofreciera, sin éxito, a comprar 62 en solitario). Dichas fuentes recalcan que, en adelante, 62, ahora en manos de Planeta, La Caixa y Enciclopèdia, tendrá el monopolio en el ámbito de la edición catalana.

Del sueño catalanista a la crisis

El 23 de abril de 1962 aparecía Nosaltres, els valencians,de Joan Fuster. Era el primer libro de Edicions 62, creada en 1961 por Max Cahner y Ramon Bastardes, en un momento de menor represión, con la ambición de impulsar la edición en catalán, en la que durante años ocupó un puesto central. De 1964 a 1997 su director literario sería Josep Maria Castellet. Sin olvidar la ambición intelectual, 62 creó también colecciones como El Cangur o Les Millors Obres de la Literatura Catalana,orientadas a un público amplio que quería recuperar su cultura. Desde 1964, además, editó en castellano bajo el sello Península. La Gran Enciclopèdia Catalana tendría sus inicios en Edicions 62, pero tras la crisis de 1969 el proyecto pasó a Enciclopèdia Catalana SA. Esa crisis supuso la salida de Cahner, sustituido por un consejo con P. Llach y Oriol Bohigas. En los 90 se incorporarían a 62 editoriales como Empúries y Muchnik. Desde 1999, cuando dimitieron Bohigas, consejero delegado, y Oriol Castanys, director general adjunto, la empresa ha vivido una inestabilidad que llegó a crisis tras la fallida expansión pilotada por Pere Sureda. La Caixa nombró consejera delegada a Rosa Cullell, que saneó cuentas. Su marcha al Liceu coincidió ya con rumores de venta.