Sergi Belbel tomó posesión de su cargo como nuevo director del Teatre Nacional de Catalunya el pasado primero de julio. Sin embargo, el TNC no es algo nuevo, ni mucho menos, para un dramaturgo y director que fue coautor de las líneas de actuación que su antecesor, Domènec Reixach, presentó al tomar en su momento el cargo. Hay que recordar que ha formado parte del consejo de dirección y su relación con Reixach ha sido, más que fluida, de amistad. Claro que hasta ahora Belbel sólo había dirigido como director de teatro y en adelante es el responsable artístico de la infraestructura teatral más importante (por volumen y recursos) de Catalunya.

– Los directores de escena tienen el poder sobre la función, pero el que usted ha adquirido ahora es distinto.

– Por supuesto. Como director de escena sabes que tu autoridad está en el escenario y en el proceso de creación, pero cuando se acaba la función, se acabó. Ser director del TNC es otra cosa: lo eres las 24 horas del día y porque no te relacionas sólo a nivel artístico con tus actores, actrices, técnicos…, sino a través de una estructura con sus dinámicas propias.

– ¿Por qué aceptó el cargo?

– Nunca ambicioné dirigir ningún teatro y usted ya sabe que me ofrecieron alguno, pero le diré sinceramente que, si acepté, fue por el equipo que hay aquí y con el que he compartido muchas horas. Eso fue determinante.

– Dados los antecedentes que exponía antes, podemos hablar de continuismo.

– De continuidad sí, porque todo lo que funciona se va a conservar. No voy a imponer ahora una visión distinta y, en todo caso, trabajaremos para mejorar las cosas mejorables. Desde luego, no le voy a dar ningún revolcón al TNC porque funciona muy bien. Ni siquiera sé si cambiaré de sitio la mesa del despacho. Si me es más cómodo, sí. Pero cambiar por cambiar, de ninguna manera.

– Usted corredactó el opúsculo sobre las líneas maestras del TNC con Reixach. ¿Siguen vigentes?

– Plenamente, claro.

– La polémica sobre los autores clásicos en catalán se pone siempre sobre la mesa. ¿Qué hay que hacer y cuánto?

– Tengo muy claro que hay que sacar a la luz aquellas obras o autores más desconocidos. Pero pensemos que tampoco tenemos tanto clásico, porque aquí no hubo un siglo de oro. Lo fundamental para mí no es responder a cuotas o hacer las cosas para cumplir. No. Haremos clásicos, pero siempre con la imprescindible complicidad de quien lidere el proyecto. Haremos lo posible, pero si al final no encontramos a nadie que se apasione, que crea en ello y esté dispuesto a jugársela, no entrará en la programación porque sí.

– De momento, dirigirá un Guimerà poco conocido, En Pólvora, y tiene previstos otros dos clásicos…

– Sí, es poco conocido pero yo llevo desde 1992 pensando en dirigirlo. Otro de los proyectos es Valentina,de Carles Soldevila, con dramaturgia de Jordi Galceran y que dirigirá Toni Casares. Es una dramaturgia hecha a partir de la obra y de la novela y con un director implicadísimo.

– Y, para cerrar los clásicos catalanes, Espriu y Primera història d´Esther.

– De eso ya hablaremos en septiembre, cuando presentemos la temporada. Pero es una obra difícil que tiene detrás un director con esa complicidad y pasión de que hablaba.

– Oriol Broggi.

– Sí.

– Elegir es excluir, y los excluidos siempre consideran injustas las decisiones. El TNC, ¿abierto a todos?

– Eso sería demagógico. Primero, porque yo trabajo en equipo y tengo complicidades con un núcleo de gente. Segundo, porque se hace un número de producciones y no más. Eso no quiere decir que haya ningún grupo cerrado. Claro que no, pero se trata de encontrar siempre ese nivel de compromiso y pasión con gente que pueda conocer o no.

– Como director-artista, ¿piensa dirigir varias obras en el TNC?

– Mi contrato prevé una, pero puedo proponer otra.

– Seguro que tiene muchas ofertas para dirigir fuera del TNC. ¿Puede hacerlo? ¿Lo hará?

– Sí, también está previsto que pueda hacerlo. Pero, desde luego, esta temporada no. De hecho, por eso avanzamos la producción de Carnaval, de Jordi Galceran, para el Romea porque ya vi que no podría hacerlo cuando estaba previsto.

– ¿Cómo se maneja con los números?

– Tengo una estupenda gerente.

– ¿Disminuirán las producciones?

– Lo que habrá será más compañías invitadas extranjeras y españolas, y coproducciones con otros teatros.

Avance de programación

La temporada comenzará en la sala Gran con el prestigioso Cullberg Ballet (del 5 al 8 de octubre) y le seguirá En Pólvora, de Àngel Guimerà, con dirección de Sergi Belbel. En la sala Petita, la primera obra será Valentina, de Carles Soldevila, con dirección de Toni Casares (28 de septiembre), y después, la conmemoración de los 30 años de la compañía de marionetas Marduix. En la sala Tallers se repondrá Uuuuh! (18 de octubre), la producción sobre Charlie Rivel que dirigió Joan Font, quien repetirá como director en la misma sala con El gran secret/ El petit secret en una colaboración de Comediants con Albert Espinosa. La novedad más funcional de la próxima temporada es que las representaciones comenzarán a las 20 horas.

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