Una emotiva ovación cerró una ceremonia religiosa que reunió a las más altas autoridades políticas y culturales de la sociedad catalana.

Claveles blancos y mimosas, las primeras del año. Con estas flores sencillas sobre su féretro y con la música de Wagner, Brahms, Mozart, Cabanilles -desde el órgano- y con el «Cant dels ocells» -en un solo de violonchelo-, los familiares, amigos y admiradores de la soprano Victoria de los Ángeles despidieron los restos mortales de la afamada cantante en la barcelonesa Basílica de Santa Maria del Mar, en un impresionante funeral organizado hasta el último detalle por el Gran Teatro del Liceo, al que asistieron unas 2.500 personas. Al final de la ceremonia, que contó incluso con la presencia del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, un aplauso cargado de emoción se transformó en la despedida de un público que adoraba a una de las cantantes fundamentales del siglo XX.

El día anterior, más de 5.500 personas visitaron la capilla ardiente con los restos mortales de la cantante instalada en el Palau de la Generalitat, quienes hicieron cola durante una hora para despedir a una intérprete que contaba con la simpatía y la admiración de sus conciudadanos. José Carreras, Jaime Aragall, Plácido Domingo, Joan Sutherland o Barbara Hendricks fueron algunas de las luminarias de la lírica que se acercaron a dar el último adiós a Victoria de los Ángeles López García, quien falleció el sábado a los 81 años. Después de la ceremonia sus restos fueron trasladados al cementerio de Montjuïc, donde fue incinerada.

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