Una vez más, la ópera, en su diversidad histórica y estilística, se enseñorea del Palacio de Festivales santanderino con tres interesantes producciones del Helikontheatre de Moscú, que dirige el inteligente Dmitri Bertman: Norma, de Bellini; El caso Makropoulos, de Janacek, y Pedro El Grande, de Gratry.

Vincenzo Bellini (1801-1835) permanece en la historia vigente como alta expresión del belcantismo, esto es, cual verdadera entronización de la voz humana y del fluir melódico. Admirado por Chopin, ensalzado por Wagner, el autor de esta Norma desafiadora de los tiempos, Bellini, un genio grande de vida breve, tensó la sensibilidad de sus contemporáneos y pervive desde la pureza de su invención a través de las voces privilegiadas desde la Pasta y la Malibran hasta la Callas, la Sutherland, la Caballé y sus sucesoras.

En un escenario como el del Palacio santanderino, pensado inicialmente para el concierto y rectificado para dar entrada en la ópera, las soluciones teatrales suelen ser problemáticas y precisan de un talento, un saber y una categoría artística tan singulares como las de Bertman, que ha sido capaz de modernizar los recursos sin traicionar la obra original y de animar la acción para liberarla de todo resto pretérito sin caer en el capricho de lo gratuito.

El cuadro de intérpretes, bien ensamblado, alcanzó unos niveles no sólo notables, sino también convincentes. Se trata de cantantes y actores de circulación internacional de modo que no puede sorprender la emotiva línea de Maria Guleghina (Norma), de Luciana D’Intino (Adalgisa), la nobleza del tenor Richard Margison y todos sus colaboradores, así como la calidad de la orquesta en manos del maestro Antonello Alemandi. En conjunto, se cumplió con la magia de otorgar credibilidad a unos mensajes lejanos, vivos todavía gracias al genio del compositor de Casta diva y tantas otras sutilezas líricas y palpitantes puestas al servicio de su majestad la voz.

El público que abarrotó la sala del Palacio ovacionó y braveó con largueza, así es que la 53ª edición del festival ha entrado con buen pie fiel a su prestigio y a su tradición.